NORMAS GENERALES PARA HOSPITALARIOS

Uniformidad colocar una foto de dama y caballero

La uniformidad es la señal externa de identidad de nuestra Hospitalidad por la que tanto enfermos, peregrinos y otras personas nos identificaran. En consecuencia, tanto damas como caballeros hospitalarios deberán vestir el uniforme completo, con la compostura debida y sin ningún tipo de complementos personales.

Esta uniformidad se mantendrá constante durante toda la peregrinación, debiendo tener presente que portar el uniforme nos confiere, a todos y cada uno de nosotros, el honor de representar a la Hospitalidad. Por esta razón nuestro comportamiento, en todos los sentidos y momentos, deberá ser exquisito y consecuente con la tarea que vamos a desempeñar.

La hospitalidad, en función de las necesidades y de las características del hospitalario, determinará el servicio que va a desempeñar durante toda la peregrinación, pudiendo ser, tanto las necesidades generales como de enfermos, personas de movilidad reducida o peregrinos. El hospitalario, quedara en primera dependencia, bajo la tutela de los responsables del equipo.


Puntualidad y obligatoriedad de asistencia

Sea cual fuere el servicio al que se nos destine, es absolutamente indispensable ser riguroso en el cumplimiento de los horarios y en la obligatoriedad de asistencia y permanencia a los actos y/o servicios a los que se nos convoque. Todos somos necesarios para el “gran equipo” que es la peregrinación en su conjunto. No olvidemos que estamos comprometidos en un voluntariado que inicialmente nos exige un esfuerzo durante 5 días.


Guardias

El objeto de las guardias, particularmente de las nocturnas, es velar por la seguridad y atención a los que se encuentran alojados en el Accueil y en consecuencia, recordemos que las mismas deben realizarse:

Exclusivamente por las personas designadas.

En vigilia y ambiente de silencio, manteniendo el orden y respeto a las normas generales.

No dejando nunca sin hospitalarios la zona de vigilancia que nos ha sido encomendada.

En las guardias nocturnas está totalmente prohibido ausentarse del hospital, aunque sea para ir a la gruta.

En general

Respetar las normas y horarios indicados por la hospitalidad.

Mantener unas estrictas normas de urbanidad, en el Santuario, Accueil, Hoteles, establecimientos, viaje y por las calles de Lourdes, que hagan de nuestro comportamiento algo ejemplarizante, respetando las indicaciones de la hospitalidad, así como cualquier orden que provenga de la Hospitalité N.D.L.

Respetar las normas e indicaciones del Santuario, como no fumar en los lugares en que está prohibido, respetar el silencio al pasar por la gruta y lugares de oración, sin utilizar el teléfono móvil, sin correr y con una compostura que no entorpezca la oración de los demás.

La participación en la peregrinación supone la aceptación de que se pueda utilizar las fotografías y videos realizados durante la peregrinación en que aparezcas, dentro de los medios propios de la hospitalidad (web, Facebook, carteles, etc.), pudiendo pedir la retirada de las mismas dirigiéndose a la Secretaria de la Junta Directiva de la Hospitalidad.
Llevar en todo momento la documentación que acredite tu filiación (DNI o Pasaporte) y la tarjeta sanitaria europea, o de tu aseguradora de salud.

Estas normas deberán respetarse, tanto estando de servicio como en horas en que no lo estes.

Debemos recordar que al hacernos voluntarios hemos asumido libremente estas normas.




A Lourdes se puede peregrinar de muchas maneras, pero sinceramente creemos que peregrinar con la Hospitalidad es sin duda la mejor de las opciones.

Vas dentro de un grupo, que te ayuda en tu peregrinar, aunque siempre dispongas de tiempo para elegir el momento de tu oración personal, la visita a la Gruta o cualquier otra actividad que desees.

Peregrinar con la Hospitalidad solo tiene un motivo, pero es esencial y es que PEREGRINAMOS A LOURDES CON ENFERMOS, CON PERSONAS MAYORES DEPENDIENTES Y CON AQUELLAS DE MOVILIDAD REDUCIDA.

Todas estas personas son el motivo principal de la existencia de nuestra hospitalidad y de las peregrinaciones. Sin ellas la peregrinación no es la misma, el contacto personal con el mundo del dolor hace que este difícil misterio se haga en parte comprensible precisamente, por su manera de afrontarlo.

Puedes incorporarte a la Peregrinación como voluntario, aunque nosotros preferimos decir hospitalario, y todos tenemos el mismo fin, que es el de procurar que la peregrinación marque un antes y un después en la vida de cada uno de los peregrinos que conformamos cada peregrinación.

Unos hospitalarios se ocupan directamente de la atención y compañía continua de los enfermos y peregrinos, y otros se encargarán de la organización general tanto desde el punto de vista espiritual como del material en todas sus facetas: atención pastoral y litúrgica, atención sanitaria (médicos, farmacéuticos y enfermeros diplomados), los equipos de cocina y comedor, otros para la ayuda en los baños en las piscinas, la logística para el desplazamiento de toda la peregrinación tanto en el viaje a Lourdes como en el interior del Santuario. En definitiva formamos una gran cadena, compuesta de pequeños eslabones, pero todos muy importantes que permiten que se lleve a cabo el funcionamiento de todo ello, siempre que se cuente con la voluntad y buena disposición de cada uno de los que componemos la Peregrinación.

En fin, no es necesario explicar más, lo importante es que te animes y te decidas a peregrinar a Lourdes con la Hospitalidad de Cádiz y Ceuta.


RELACION CON ENFERMOS, MAYORES Y PERSONAS CON MOVILIDAD REDUCIDA

Todos los seres humanos, tenemos nuestra propia idiosincrasia, a la cual es evidente que los demás no estamos habituados.

Con objeto de evitar, en la medida de lo posible, cualquier situación anómala, deberemos cuidar nuestra forma de relacionarnos con ellos, teniendo en cuenta entre otros, los siguientes modos de comportamiento;

    • Mostrarle nuestro afecto sin necesidad de incurrir en actitudes que pueden inducirles a error, es decir, evitar aproximaciones excesivas, conversaciones subidas de tono, etc. y por supuesto jamás entrar en discusiones con Ellos.

    • Discreción y respeto hacia sus vidas. No son procedentes preguntas morbosas. Debemos de estar ahí, demostrándoles con nuestra presencia y afecto, que estamos a su disposición para escucharles cuando sientan la necesidad de hablar.

    • En el caso de que tengamos el privilegio de que un enfermo nos haga confidencias, las mismas deben ser tratadas como merece, es decir, con la discreción con la que nos gustaría que trataran las nuestras.


    • Si llegara el caso de que cualquiera de los enfermos nos hiciera preguntas para las cuales no estamos preparados, recordemos que tenemos la suerte de disponer, de personas que seguramente podrán ayudarle más, por ejemplo los Sacerdotes, Médicos, etc. No dudemos que nuestra ayuda será, tanto mayor, poniéndoles en contacto con la persona más adecuada.



    • En el caso de que nos demanden algún tipo de medicación, debemos de recordar que este menester es competencia exclusiva del personal sanitario.

Salidas – Invitaciones:

Será deseable hacerlas en grupo, cuidando de que aun sin desearlo, algún enfermo/discapacitado quede descolgado. En cualquier caso, recordar que está totalmente prohibida la ingesta de alcohol, tanto para los enfermos como para el personal hospitalario que los acompañe.


En caso de los enfermos andantes, particularmente de los que son, o están más introvertidos, de los discapacitados que tienden a aislarse, etc. hay que hacer un esfuerzo suplementario para conseguir, sin violentarles, que formen parte del grupo de paseo. La experiencia demuestra que, aún cuando este tipo de personas no hagan nada por integrarse o que incluso, en primera instancia, rechacen nuestra invitación, en caso de quedarse solos lo perciben como abandono y sufren más. En general este tipo de personas acaban convirtiéndose en lo que llamamos \”los enfermos grises\”.







Decálogo del hospitalario

    1. Honrarás la dignidad y lo sagrado de la persona del enfermo.

    2. Servirás con todo tu corazón, inteligencia, fuerza y tiempo a los enfermos.

    3. Cuidarás a los enfermos como te gustaría que te cuidasen a ti.

    4. Hablarás procurando que tus palabras sean más bonitas que el silencio

    5. Evitarás las distracciones que puedan aumentar los sufrimientos de los enfermos.

    6. No matarás las esperanzas de los enfermos con las prisas, las chapuzas, las indelicadezas, el enfado o la inapetencia.

    7. A la hora de servir nunca dirás: No me toca a mí

    8. Hablarás a Dios de los enfermos y a los enfermos de Dios.

    9. Lucharás contra la más grave enfermedad de nuestros días: la falta de amor y de escucha a la persona.

    10. Cuando te encuentres cansado o con ganas de dejarlo todo, recordarás: Todo lo puedo en Aquel que es mi fuerza




RELACION CON HOSPITALARIOS



Las peregrinaciones representan, entre otras muchas cosas, la posibilidad de permitirnos que, afloren nuestros mejores sentimientos y sensibilidades.

En consecuencia, debemos mantener alerta nuestra atención, sensibilidad, comprensión y afecto cuando miremos a todos y cada uno de nuestros compañeros hospitalarios, tal y como lo hacemos con los enfermos y mayores, para ello debemos de esforzarnos en relacionarnos, todo lo que sea posible, entre los diferentes miembros de la peregrinación.

Otra circunstancia que sin duda favorecerá la relación entre hospitalarios es que todos recordemos que las tareas a realizar son de todos y que todas son importantes para el buen funcionamiento, tanto de los equipos como de la peregrinación en su conjunto. No hay tareas menos nobles que otras, aun cuando sean más escondidas o con menor lucimiento “Vuestro Padre que ve en lo escondido os lo recompensara”, hagamos pues el esfuerzo de esmerarnos en desarrollar con diligencia todas las tareas que personal y específicamente tengamos asignadas, además de las que se nos soliciten para facilitar el mejor funcionamiento de la peregrinación, incluso cuando no sea en nuestro tiempo de servicio. La puntualidad es un signo de respeto para con nuestros compañeros, nuestros retrasos cargan con más trabajo al resto y restan el necesario descanso de otros hospitalarios.

Apliquemos a nuestros compañeros el mismo trato de discreción y delicadeza del que hablamos con los enfermos y mayores. Respetemos los tiempos de descanso y las normas de urbanidad en los hoteles y alojamientos. Portamos un uniforme que nos identifica por tanto que nuestro comportamiento en todo momento mantenga la buena fama que la hospitalidad se ha labrado durante estos años de peregrinación.

Finalmente, deberíamos de esforzarnos en que tampoco haya hospitalarios “grises“. Es decir no permitir que nadie, nuevo o antiguo, se sienta solo o excluido. Seguro que con un mínimo esfuerzo por parte de todos, lo conseguimos.